La Guardia Civil de Grañén, al mando del cabo Pedro Latas Buen, no acató la orden de sublevarse y declarar el estado de guerra, uniéndose, de grado o por la fuerza de los hechos, a los sindicalistas de UGT y CNT que, armados, se dispusieron a defender la legalidad republicana en el pueblo. El alcalde, Santiago Lanuza Ferrer, en unión de los guardias, organizó un sistema defensivo en la localidad apostando hombres armados en todas las entradas del pueblo. El 23 de julio, una compañía de militares de Huesca bajo el mando del capitán Santamaría, junto a un grupo de falangistas pertrechados con ametralladoras y fuego de mortero, se presentaron en Grañén reduciendo al grupo de milicianos armados tras un desigual combate. Los franquistas querían fusilar en ese mismo momento a los resistentes, pero la intervención de Manuel Lacarte Bercero, falangista oscense residente en Grañén, resolvió la situación, con todo veinte personas fueron detenidas, de las cuales ocho serían finalmente fusiladas en Huesca.
Los guardias civiles hubieron de responder a una investigación interna abierta en la comandancia de
Huesca, y exponiendo disparatadas teorías y excusas, lograron salvar su responsabilidad en la acción ejecutada.
El 24 de julio tomaron el pueblo los milicianos de la columna Carlos Marx. Entraron en Grañén por
carretera, pero por ferrocarril llegaron municiones, dinamita y piezas de combate. Alertada de su presencia, la aviación nacional bombardeó la estación causando algunos destrozos en las instalaciones aunque sin lograr su propósito de hacer volar el convoy.
La iglesia fue saqueada, así como la ermita de San Julián, empleándose buena parte de las imágenes para hacer leña en una panadería. En el templo fueron encerrados algunos presos tachados de
derechistas y más tarde se utilizó como almacén de alfalfa.
El secretario del Comité de Milicias, Juan García Oliver, se dirigió desde el balcón del Ayuntamiento a los campesinos de Grañén, instándoles a nombrar el Comité y a formar una Colectividad. Sin embargo, la
amarga experiencia de los días pasados mantenía a los vecinos en una actitud escéptica y hubieron de pasar varios días para que tomaran decisiones al respecto, sobre todo, asegurarse de que las tropas sublevadas no retornarían a Grañén. Una asamblea campesina acordó a mediados de agosto la vuelta a los trabajos de la cosecha, y los sindicatos CNT y UGT constituyeron la Colectividad iniciando los procesos expropiatorios a los terratenientes y derechistas huidos a Huesca.
El filólogo alemán y militante anarquista Agustín Souchy Bauer, visitó durante los primeros meses de la contienda varias colectividades aragonesas estudiando los procesos de implantación del comunismo libertario. «La comarca de Grañén –relató– comprende 27 colectividades adheridas, con una extensión territorial de 96.000 hectáreas. Cuenta con 11.600 habitantes. La Federación Comarcal tiene en sus manos el intercambio entero de los veintisiete pueblos. (...) Grañén es sede de un hospital militar de la división “Juver”. El pueblo tiene 1.200 habitantes y está colectivizado, a pesar de que la UGT tiene 120 afiliados y la CNT 60 solamente. La idea de colectivizar conquistó también a los socialistas y republicanos de izquierda.
«Grañén tenía antes propiedades de señores latifundistas; pero éstos no vivían en el pueblo, gastaban en las ciudades los frutos del trabajo de sus criados. Hubo lucha por la posesión del pueblo. El 23 de
julio fue tomado por los fascistas de Huesca. Un día y medio más tarde llegaron las columnas de la CNT y de la FAI. Los fascistas se retiraron.
«En la colectividad de Grañén se efectúa el trabajo por grupos que se han organizado según las calles del pueblo. Hay quince grupos de trabajo. La distribución de los víveres se efectúa, como en la mayoría
de las poblaciones, con tarjetas de consumo en la Colectividad. Las mujeres reciben vino, con diferencia de los otros pueblos, donde no se les da. Pan, carne, aceite y patatas se reparten en cantidad suficiente; otros víveres y artículos de necesidad, que no se producen en el pueblo, están severamente racionados. La administración de la Colectividad se compone de cuatro miembros de la CNT y cuatro de UGT. Está separada del Consejo Municipal formado por tres miembros de cada una de las sindicales.
«Con la colectivización ha quedado solucionado un grave problema que no había manera de arreglar
dentro del sistema de la propiedad privada: la distribución de las tierras y campos de pasto entre los diferentes municipios». El anarquista Mariano Pinós fue nombrado presidente del Comité, y junto a él estaban Guillermo del Río, Francisco Logroño y Emiliano Pérez.
Grañén fue una localidad muy castigada por la aviación durante la contienda, sufriendo una veintena de bombardeos que dejaron maltrecho el pueblo y obligaron a la población a vivir en constante estado de alarma. Una sirena ubicada en la torre de la iglesia avisaba a los vecinos, al tiempo que una ametralladora ubicada en el mismo lugar hacía fuego contra los aparatos a baja altura. En una ocasión un avión nacional dejó caer dos bombas con tan buena suerte para el servidor de la ametralladora, que cayeron una a cada lado de la torre sin causarle daño. Los vecinos se refugiaban en bodegas particulares acondicionadas a modo de refugio o en los construidos por el experto Abascal y dos miembros de la Centuria Erico Malatesta, presentes en Grañén y reputados mineros. Uno de los más graves bombardeos ocurrió el 17 de junio de 1937, según explica la enfermera australiana Agnes Hodgson en su diario de campaña en Grañén.
Los hospitales se instalaron en las casas de Launa y José Barbuzal, donde también se alojaban médicos y enfermeras. Igualmente un tren hospital recorría la línea entre Tardienta y Lérida, recalando en Grañén donde en una ocasión fue alcanzado por una bomba que provocó un aparatoso incendio. Grañén fue punto de recepción por ferrocarril de víveres y municiones, por ello se convirtió en objetivo de primera magnitud para las tropas sublevadas. Los milicianos se alojaban en grandes barracones de madera construidos bajo las arboledas próximas al río, mientras en el llamado Camino de Ginestral se concentraban los tanques, las piezas de artillería y el gran polvorín central. En los primeros meses de guerra se escondía la pólvora bajo el depósito del agua, en la zona denominada «La Aguada», perfectamente camuflada como parte de la instalación.
Contó Grañén con un importante parque automovilístico en el Corral de Cajal, pero también ardió como consecuencia de otra incursión aérea.
Las fuerzas nacionales tomaron Grañén el 23 de marzo de 1938.
Inventario de la Guerra Civil en los Monegros.
REGINALD SAXTON - Un médico britanico en la Guerra Civil
PAULPRESTON
El 8 de agosto de 1936, un grupo compuesto por médicos, estudiantes y enfermeras se reunía en Londres para enviar ayuda médica a la II República. Uno de ellos era un joven médico de nombre Reggie Saxton, que ha fallecido recientemente a la edad de 92 años.
Apenas dos meses después. Saxton llegó a Grañén (Huésca), donde se había creado un hospital de campaña. , recordaba. Pronto se convirtió en una figura popular dispensando píldoras y cataplasmas que solía llevar en una mochila. Pero la guerra no terminó para él en Grañén. Saxton levantó un hospital en un club de campo que había en Villarejo de Salvanés (en Ia provincia madrileña) utilizando el bar como quirófano y operando sobre tres de las mesas del bar.
Fue el propio Reginald quien descubrió una serie de métodos nuevos para las transfusiones, logró clasificar la sangre de todos los brigadistas y organzó con buen tino el flujo de heridos a los hospitales.
Ya en el otoño de 1937 -y después de dar algunos tumbos por la sierra- Saxon volvió a Grañén, donde apenas había alimentos ni agua potable, pero sí una epidemia de fiebres tifoideas. De allí partió al norte de Teruel, donde le tocó poner en marcha un hospital. Bajo constantes bombardeos aéreos, el personal sanitario se veía obligado a compartir sus alimentos con la población y a habilitar aulas para enseñar a leer v escribir a las mujeres de la localidad, muchas de las cuales no asistían a clase porque los curas les habían advertido de que aquello era impío.
En 1938 Saxton diseñó un laboratorio móvil que instaló sobre el chasis de una ambulancia. Este laboratorio, además de servir para transportar agua y leche, se utilizó para hacer análisis: Su inagotable curiosidad intelectual le llevó a explorar las posibilidades que había de hacer transfusiones de sangre desde cadáveres.
A partir del verano de 1938, una ofensiva republicana intentó reunir las dos partes en que había quedado dividida Ia zona republicana. Durante los tres meses que duró, Saxton se llevó su unidad móvil de transfusiones a un hospital de urgencias que se había instalado en una cueva de una colina, cerca del pueblo de La Bisbal de Falset.
Hijo de un profesor de Botánica, Saxton había nacido precisamente en Sudáfrica, en Ciudad del Cabo. Vivió una infancia muy feliz en la India, pero su familia regresó a Inglaterra en 1920. Terminada la carrera de Medicina, Saxton se unió al Partido Comunista y después de visitar la URSS se instaló en Reading, donde comenzó a ejercer.
Durante su estancia en España Saxon se enamoró de una de las voluntarias, Rosaleen Smythe. En una entrevista que concedió a The Guardian el año pasado, Saxton confesaba: .
Suponía que ambos se casarían a su regreso a Inglaterra, pero a su familia no le gustó ella y la incertidumbre empujó a Rosaleen a los brazos de un brigadista de Vancouver con el que se acabó casando.
Acabada la contienda española, Reggie ejerció la medicina en el Ejército durante la II Guerra Mundial. por lo que fue condecorado. En la posguerra, Saxton trabajó como médico cerca de Brighton y se casó con Betty, una antigua actriz que tenía dos hijos de un matrimonio anterior. Juntos tuvieron otros dos hijos y Saxton fue un padré maravilloso para los cuatro.
Recomendaciones:
Libro
Título: A una milla de Huesca
ISBN: 9788 477338062
Autor: Hodgson, Agnes
Tema: En 1988, la doctora Judith Keene, especialista en estudios sobre la Guerra Civil española y profesora de Historia Moderna en Europa en la Universidad de Sydney, anotó y editó el interesante diario de la enfermera también australiana Agnes Hodgson, quien durante todo el año 1937 trabajó como voluntaria en los hospitales de guerra instalados en los pueblos monegrinos de Grañen, Poleñino o Sariñena, y también algunas semanas en Fraga y Boltaña.
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